lunes, 8 de marzo de 2010

En la noche

Y este otro viejo también por la sobrina y por Sabines.

Para hacer funcionar a las estrellas
es necesario apretar el botón azul.
Jaime Sabines.

Miro al cielo
y en el cielo
una allí
otra acullá
estrellas y luceros
se reflejan en el mar.
Y la luna
reina en la marea
que a su antojo sube
vuelve,
baja
y se balancea.

1 comentario:

Eduardo Zeind Palafox dijo...

Y rota la lira y las cuerdas, queda la melodía, la poesía, comentaba Platón. "Y si después queda algo todavía, eso será la poesía", dijo León Felipe. Leyendo tu poesía, me vino al "oído interno" (como diría Wittgenstein) un sonido que me recordó que yo también ayudé a mi mano a urdir un poema:

Con ella y a toda velocidad hasta la muerte.

Es el movimiento lo único que vale en el mundo.
Morirse en movimiento es volver a nacer.
Lanzarnos, gritar y morir…
¡Qué más da!
Cortarnos la venas
con navajas de espejo,
eso es vivir de verdad.

Cada botella vacía es una oportunidad.
Cada trago amargo deja más espacio
en esta jaula de cristal oscuro.
Cada cigarrillo es como un ángel,
como un ángel asesino de miedos.
Aspiramos a las cosas, pero siempre
terminamos aspirando el humo y
el alma de nuestros hermanos.

En nuestras máquinas volamos
hasta que se nos termina el combustible.
Y hay que recargar en algún sitio,
en el que sea.
Las esperanzas han subido de precio,
pero se las robaremos a los amantes,
a los poetas, a los mendigos, al mundo.

Tatuados de no sabemos qué cosas
acudimos a las fiestas de las vírgenes.
Estamos tachados, sí, drogados de
y por la sociedad.
A solas, en un rincón, nos besamos
y nos murmuramos oscuros planes.

Hueles a alcohol y a agonía,
sabes a dolor y me gustas cada
vez más, porque dueles más;
y como decían los sabios,
todo lo que sufre quiere vivir.
Pero tú y yo queremos morir,
pero morirnos juntos y flotar
al cielo nuestro, al cielo propio
sin compañía de padres o madres.

Somos dos pares de ojos que
se confunden y que están cansados.
Estamos cansados de estar lejos
de la apestosa humanidad, pues
en este nuestro barrio las rosas y
los jardines están por doquier.

En esta autopista y con una sábana
de seda azul encima,
te quiero pedir que te
vayas de cacería conmigo.
Y te doy el anillo de sangre de los
suicidas, un anillo-gatillo.
Tira de él, arráncame el dedo
y señala con él tu felicidad.

Eduardo Zeind Palafox.