ni andarán más mis pasos por tu calle.
No más encuentros asoleados, taciturnos,
ni pasillos estrechos.
Un buen día,
cualquiera,
un día de estos,
se acaba la tonada y calla el tordo.
Y hasta aquí el patio sembrado de mezquites.
Y hasta aquí el hormiguero,
cúmulo de tierra que lo comprende todo.
No más caminos.
lunes, 5 de septiembre de 2011
domingo, 28 de agosto de 2011
Los desaparecidos
Eran muchos rostros incrustadados,
y era un olor cenizo y agrietante.
Yo me senté en medio:
Una mujer callosa, labios rotos.
Un hombre, sus esposas y el custodio.
Eran muchos rostros incrustados.
No recuerdo ninguno.
Los miré uno a uno.
Uno a uno.
Pero el olor era cenizo y agrietante.
Y ya no recuerdo ninguno.
y era un olor cenizo y agrietante.
Yo me senté en medio:
Una mujer callosa, labios rotos.
Un hombre, sus esposas y el custodio.
Eran muchos rostros incrustados.
No recuerdo ninguno.
Los miré uno a uno.
Uno a uno.
Pero el olor era cenizo y agrietante.
Y ya no recuerdo ninguno.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Ya no miré más tu cara ni tu rostro.
No quise verlo.
Eran demasiadas líneas oscuras,
demasiados océanos,
demasiados hilachos.
Y no quise.
No quise.
*
Se me cruzó la rama en la garganta.
No alcancé a mirar que ya estabas en la cama
agigantada.
Me avisaron entonces.
Pero había mucho sol y mucho espacio y yo no quise.
*
No quise ir a verte, amigo.
No hay banderas ni escondrijos.
Y he aquí la vieja idea del árbol que se asoma a verme.
Y he aquí otra vez eso de que el viento y que las hojas.
Pero yo no quise ir a verte, amigo.
No quise.
Se acabaron los días.
Se t(m)e acabaron los días.
Y no quise.
Eran demasiadas líneas oscuras,
demasiados océanos,
demasiados hilachos.
Y no quise.
No quise.
*
Se me cruzó la rama en la garganta.
No alcancé a mirar que ya estabas en la cama
agigantada.
Me avisaron entonces.
Pero había mucho sol y mucho espacio y yo no quise.
*
No quise ir a verte, amigo.
No hay banderas ni escondrijos.
Y he aquí la vieja idea del árbol que se asoma a verme.
Y he aquí otra vez eso de que el viento y que las hojas.
Pero yo no quise ir a verte, amigo.
No quise.
Se acabaron los días.
Se t(m)e acabaron los días.
Y no quise.
A J.M.
miércoles, 27 de julio de 2011
Tantos años de mirarnos el uno frente al otro
De medir la distancia entre los ojos.
De medir la distancia entre las manos.
De sabernos distintos.
De querernos distintos.
De mirarnos las pecas
y las manchas del rostro.
De oler, hasta el cansancio,
dulce, agridulce, el uno,
sal y corteza, el otro.
Tantos años de hablar lenguas extrañas,
Tanta insistencia,
Tanta.
Tanto darnos la espalda.
Siempre distintos, agazapados, tirantes.
De medir la distancia entre las manos.
De sabernos distintos.
De querernos distintos.
De mirarnos las pecas
y las manchas del rostro.
De oler, hasta el cansancio,
dulce, agridulce, el uno,
sal y corteza, el otro.
Tantos años de hablar lenguas extrañas,
Tanta insistencia,
Tanta.
Tanto darnos la espalda.
Siempre distintos, agazapados, tirantes.
sábado, 25 de junio de 2011
Los abuelos (de poemas para niños)
Un poema viejo que rescato para mis abuelos,
ahora que me estoy desabuelando.
El abuelo cuenta historias por las tardes
aunque no haya quien lo escuche.
Imagino que fue el héroe de otros tiempos
donde había estrellas y había un sol.
A veces, entre el sorbo del café
parece que ha olvidado que lo escucho.
aunque no haya quien lo escuche.
Imagino que fue el héroe de otros tiempos
donde había estrellas y había un sol.
A veces, entre el sorbo del café
parece que ha olvidado que lo escucho.
Me revuelco de risa,
le pido el cuento que narró ayer:
¿no era de Pedro el caballo?,
¿no vivían cerca del mar?
La ropa del abuelo huele a todo su cuarto,
al mercurio peruano de la mesa,
a la fuga de agua del lavabo,
al polvo de sus estatuillas,
a la crema rosa de su tocador.
La abuela viste falda todo el tiempo,
y cubre la mesa con su encanto:
empanadas, tamales, quesadillas, arroz con leche.
Y ella se sonríe con mi sonrisa.
La ropa de la abuela no tiene tiempo,
yo no recuerdo cómo la vi vestida ayer.
Juego con sus chales cuando se queda dormida y no puede regañarme.
Sus ojos lloran
le pido el cuento que narró ayer:
¿no era de Pedro el caballo?,
¿no vivían cerca del mar?
La ropa del abuelo huele a todo su cuarto,
al mercurio peruano de la mesa,
a la fuga de agua del lavabo,
al polvo de sus estatuillas,
a la crema rosa de su tocador.
La abuela viste falda todo el tiempo,
y cubre la mesa con su encanto:
empanadas, tamales, quesadillas, arroz con leche.
Y ella se sonríe con mi sonrisa.
La ropa de la abuela no tiene tiempo,
yo no recuerdo cómo la vi vestida ayer.
Juego con sus chales cuando se queda dormida y no puede regañarme.
Sus ojos lloran
cuando nace un bebé,
cuando ve una película,
cuando encuentra una foto,
cuando festejamos su cumpleaños.
Los abuelos ríen y miran y se quejan
cuando ve una película,
cuando encuentra una foto,
cuando festejamos su cumpleaños.
Los abuelos ríen y miran y se quejan
como quien no tiene prisa,
como quien lo ha visto todo,
como quien no ha visto nada.
lunes, 2 de mayo de 2011
Fernanda
Un bultito de carne. Un calor que se desprende y se une al de mis propias entrañas. Brisa de mar. Olas que escapan, se enmoronan y se aplastan pero llegan, redondeantes, a la mar. Cuerpo suave, sudoroso y ondulante. Agua de una fuente que no es mía pero corre hasta mi seno. Agua. Hilito de agua, pequeña piedra de río, plumita de quetzal.
Has llegado.
Llegaste.
Te veo crecer, chorrito de agua entre la tierra, esta tu tierra. Y tú me ríes desde tus más abiertas profundidades, desde esta tu claridad tan agua. Y me vas cubriendo, manantial pequeño, con tus ramas.
Has llegado.
Llegaste.
Se me llena el cuerpo.
Feliz segundo aniversario, Fernanda.
Has llegado.
Llegaste.
Te veo crecer, chorrito de agua entre la tierra, esta tu tierra. Y tú me ríes desde tus más abiertas profundidades, desde esta tu claridad tan agua. Y me vas cubriendo, manantial pequeño, con tus ramas.
Has llegado.
Llegaste.
Se me llena el cuerpo.
Feliz segundo aniversario, Fernanda.
martes, 29 de marzo de 2011
Versos sueltos
Cuando era niña
todavía existía el sol,
y sol lo llamábamos.
Voy a romper mi propia regla de comentar lo que muestro. No sé hacia dónde van estos versos pero los he traído en la cabeza desde hace algún tiempo. No puedo ir más allá de esas tres líneas. Me parece que pueden ser bastante simples y, si quieren, algo tontas. Pero también me parece que encierran mucho más de lo evidente de buenas a primeras. A ver en qué terminan.
todavía existía el sol,
y sol lo llamábamos.
Voy a romper mi propia regla de comentar lo que muestro. No sé hacia dónde van estos versos pero los he traído en la cabeza desde hace algún tiempo. No puedo ir más allá de esas tres líneas. Me parece que pueden ser bastante simples y, si quieren, algo tontas. Pero también me parece que encierran mucho más de lo evidente de buenas a primeras. A ver en qué terminan.
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